Saben latín

Rosa Díez en el debate de investidura de ZapateroEl debate entre el presidente Zapatero y la diputada Rosa Díez permitió ver al Zapatero más completo. Un hombre dotado, a veces, de unas intenciones tan malignas que no es extraño que haya inventado el talante como método de autocontrol. Un ejemplo cumbre fue el de llamarle traidora a la diputada (con elusivo buen talante eso sí), por haber dejado esa escuela de honradez y principios que al parecer es el PSOE.

La diputada, que estuvo seria y precisa en su debut parlamentario, no acertó aquí a contestarle lo que merecía. Es decir, que por haber aprendido en el partido a ser honrada ahora se había visto obligada a abandonarlo. El debate mostró también al Zapatero perfecto desconocedor de determinados asuntos que, sin embargo, recita con aplomo. El ejemplo fue la lengua y las políticas lingüísticas nacionalistas. Con inefable orgullo el presidente no se cansaba de repetir que el sistema de inmersión lingüística había evitado la división de Cataluña en dos comunidades. Lo repetía y lo engordaba, y cada vez parecía más contento, sin que diera a pensar en un contraejemplo que tenía bien a mano: el modelo lingüístico vasco, que distribuye escolarmente a los niños en razón de su opción lingüística. Y que, desde luego, no habrá creado dos comunidades pues a bien seguro nos habríamos enterado por el propio Zapatero, vista su vehemente crítica al lazareto virtual de los pobres niños lingüísticamente marginados.

El presidente, con gran ampulosidad, había empezado proclamando que el catalán, el vasco, el gallego y cualquier otra que se apunte son lenguas españolas, formulación aún más obvia que el conjunto de su pensamiento y de la que sólo discrepan, naturalmente, los nacionalistas con los que piensa gobernar. Pero el problema que le planteaba la diputada Díez era otro. El problema expuesto es que el castellano está dejando de ser una lengua catalana o vasca, y en consecuencia una lengua española. El castellano es, en Cataluña y en el País Vasco, la lengua principal de los ciudadanos, entre otras cosas porque no son tontos; pero su estatus institucional está rebajándose. El presidente debería conocer el último ejemplo concreto que acaba de salir del horno: a partir de ahora la Generalitat exigirá la representación en catalán para cualquier montaje teatral que subvencione. Con la excepción de los clásicos, eso que debe de querer decir la norma cuando se refiere, estúpidamente, a la «literatura universal». O sea, para entendernos con el presidente: Lope, sí; Boadella, no. Shakespeare sí; Andrés Lima, no. El ejemplo es lapidario, y ya verá por qué el presidente: refleja, muy justamente, el protocolo que los nacionalistas quieren aplicar al castellano. Mera lengua muerta.

(Coda: «En sus representaciones en Cataluña la lengua de representación ha de ser el catalán, a excepción de que se trate de textos de la literatura universal representados en su lengua original». Diari Oficial de la Generalitat, 2 de abril https://www.gencat.net/diari/5102/08077144.htm)

Arcadi Espada

El Mundo (11.04.2008)

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