Díez contra los que se dicen buenos

La primavera, que llegó a El Corte Inglés ayer (que abría), irrumpió antes en la campaña de la mano de Rosa Díez. Por la alergia y los sarpullidos que provoca en los psoes y pepés de toda la vida. «Si no hubiéramos creado un partido para regenerar la democracia, tendríamos que crearlo ahora mismo», decía la política vasca. Que la llamaran fascista en la Complutense (adonde vuelve el día 6) o que Felipe González la calificara de llorona (o refregara que él no lloró) no es lo peor que le ha pasado a Rosa y su partido.

Ayer tenía cita mañanera en el Retiro. Nueva edición del particular «Tengo una pregunta para usted» que UPyD celebró esta semana en la plaza de Isabel II. Según Álvaro Pombo, candidato al Senado, ellos no dan mítines, dan conversación. A veces a la fuerza. La Policía Municipal se presentó el sábado en el Retiro y advirtió a quienes andaban repartiendo folletos que si el domingo hacían el mitin iban a llamar a la Policía Nacional para disolverlos. Ayer, la Policía Municipal, apostada a la entrada del Retiro, impidió el acceso del camión con la infraestructura necesaria (el partido había pedido autorización y no había recibido negativa). «Yo he vivido esto en el País Vasco, no creí que iba a vivirlo en el resto de España. Toda la vida defendiendo la libertad frente a los malos y ahora nos tenemos que defender frente a los que se dicen buenos», se quejaba Díez. Poco tiempo antes de la hora prevista (las doce y media), la Junta Electoral llamó para decirles que sí podían montar el acto. Cuando ya no había tiempo, cuando el camión se había ido. Por supuesto que hubo mitin. Y preguntas del público. «Yes, we can», que diría Obama. Pero aquello parecía el «speaker´s corner» de Hyde Park. Con más solanera, que algunos mitigaban con el programa del PSOE en la cabeza.
Mientras esperaba un (re)generador portátil, Rosa Díez se encaramó a una mesa de café con un megáfono «de los chinos» para avisar al pequeño gentío (unas doscientas personas) que no cambiara de canal, que enseguida volvían con más sonido. «Rosa, eres la mejor», soltó un espontáneo. Al lado había un teatro de guiñol.
Ni Álvaro Pombo ni Mikel Buesa (sobre todo Buesa) se subieron porque si no el acto habría estado más cerca de la Cabra Catalina que de un mitin. Malabarismos, los justos. Más tarde, con un par de plataformas, se subieron los tres. Pero la voz cantante y denunciante era la de Rosa. Denunciaba la vulneración del art. 23 de la Constitución (todos los ciudadanos tienen derecho a elegir y a ser elegidos). Por lo que había pasado en el Retiro. Por el millón de euros que cuesta el «mailing» sólo en Madrid (pasta que luego, «con nuestros impuestos», se devuelve a los grandes partidos). Por la «mafia del sobre», que consiste en que los partidos del «establishment» saben con antelación las normas sobre el gramaje y tipo de sobre y encargan los que necesitan antes de la convocatoria. Los nuevos esperan la norma y las indicaciones de la Junta Electoral. Cuando van a comprar los sobres se ha acabado el papel. O sea, que ni siquiera pueden entregar papeleta y sobre en mano. Rosa Díez pidió que metieran su candidatura en los sobres que les mande el PP o el PSOE («ya que los pagamos nosotros»). Aplauso general, claro.
El programa electoral de UPyD, entre otras cuestiones, propone reformar la Constitución para que todos los españoles sean iguales (suprimiendo, por ejemplo, la disposición adicional que consolida derechos históricos de los territorios forales). También pretenden que Educación y Sanidad sean competencias exclusivas del Estado. Y mejorar la autonomía del poder judicial. Y reformar la ley electoral. Y considerar los delitos de terrorismo más graves como de lesa humanidad, de manera que no prescriban. «Si no quieren cambiar todo esto, hagan el favor de no votarnos porque nosotros queremos cambiarlo», concluía Rosa Díez su intervención antes de que la gente empezara a gritar «¡presidenta, presidenta!».
Pese a que lo intentó dos veces, Adlai Stevenson nunca llegó a ser presidente de Estados Unidos (porque no siempre gobiernan los mejores). Su frase más conocida era aquella de «Quiero hablar con cordura al pueblo americano». Justo lo que hace Rosa Díez con el pueblo de aquí (su partido se presenta en toda España). ¿O se parece más a Ralph Nader pero con posibilidad de escaño?
ABC (3.03.2008)

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