La independencia de Kosovo

La independencia de Kosovo es apoyada por EE.UU.La proclamación unilateral de independencia de Kosovo – hasta ahora una provincia serbia de mayoría musulmana- efectuada ayer tarde por su Parlamento es un acontecimiento de indudable trascendencia para los Balcanes y para Europa. Nace un nuevo estado ciertamente sui géneris, que no va a tener representación en las Naciones Unidas, no tendrá ejército propio – las únicas tropas serán las de la OTAN– y sólo tendrá los policías, los jueces y agentes de aduanas que aportará la Unión Europea. Todo ello lo convierte, de facto, más en una especie de protectorado que en un país independiente.

Una independencia que es fruto de razones de Estado occidentales, ya que no se ajusta al Derecho internacional puesto que no ha sido aceptada por Serbia (de cuyo territorio Kosovo formaba parte, según la resolución 1244 de la ONU) ni aprobada por este organismo.

Es el final de un proceso cuyos últimos capítulos arrancan en 1999 cuando la OTAN interviene militarmente en el territorio para frenar la limpieza étnica puesta en marcha por los serbios contra los kosovares musulmanes. Tras 72 días de combates, el Consejo de Seguridad de la ONU aprueba la citada resolución 1244, que establecía que Kosovo debía seguir siendo parte integrante de la entonces República Federal de Yugoslavia – la actual Serbia como sujeto de derecho internacional- con una administración civil provisional de las Naciones Unidas y con la OTAN encargada de la seguridad. En el 2007 el finlandés Ahtisaari, bajo mandato internacional, propone – tras dos años de infructuosas negociaciones entre Belgrado y Pristina- que Kosovo asuma una soberanía tutelada bajo supervisión de la UE, idea que recibe la luz verde de Estados Unidos y el radical rechazo de Serbia, que no reconoce la soberanía kosovar. Rusia, su aliada, vetará el ingreso en la ONU y acusa a Occidente de defender la integridad territorial y la inviolabilidad de fronteras en unas regiones e ignorarlas en otras, según sus intereses.

Para implementar el plan Ahtisaari, la UE aprobó el sábado el envío de una fuerza policial y judicial de 2.000 hombres a Kosovo y hoy reunirá a los ministros de Exteriores de los Veintisiete para "tomar nota" de la declaración de independencia, pues corresponde a cada Estado miembro reconocer o no a Kosovo. Se espera que una veintena de países comunitarios, incluidos Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia, así como EE. UU., anuncien su reconocimiento del nuevo país tras la reunión. Otro grupo de países europeos no lo hará de inmediato. Entre ellos figura España que, negando todo paralelismo con Catalunya y el País Vasco, ha preferido mantener un perfil discreto por su incapacidad para modificar el resultado final.

La declaración de independencia de Kosovo abre el interrogante de qué pasará con la minoría serbia que vive en el territorio, aproximadamente un 5% de los dos millones de habitantes de la provincia, que temen el acoso y la venganza de los albaneses y a los que Belgrado ha pedido que no abandonen sus casas. El primer ministro kosovar, Hashim Thaci, ha prometido que se respetarán los derechos de todas las minorías, para lo cual ha anunciado la creación de una oficina especial dentro de su Gobierno.

Y resta saber si el caso kosovar abre la caja de Pandora y relanza las ansias secesionistas en otros territorios, tanto en el patio trasero de Rusia (Abjasia, Osetia del Sur, Transnistria), como en otros países europeos.

La Vanguardia-Editorial (18.02.2008)

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