Sobre la modificación de la Constitución y la desaparición de ETA

Tras 30 años de vida democrática en España, su sistema de configuración del poder empieza a chirriar. Dos son los grandes problemas que aquejan al sistema democrático español: El sistema electoral que genera un reparto de poder con extraños  equilibrios y la pervivencia de la banda terrorista ETA. La reforma del sistema electoral es una necesidad perentoria, junto a esto se producirá, más o menos solapadamente el fin de ETA. Pero la manera en que ambas se produzcan será determinante para el desarrollo futuro del país. Son problemas que se retroalimentan y su solución no parece interesarle nada a los  partidos políticos actuales.

ETA. Centro de las estrategias políticas. La forma en que desaparezca determinará los derroteros de la política española, mal que nos pese a la inmensa mayoría de los españoles.

Sobre la modificación de la Constitución y la desaparición de ETA

La desaparición de ETA es un futurible deseable e inexorable. El cómo es otro cantar, pero lo cierto es que, digan lo que digan los políticos del PSOE o del PP, todas sus estrategias pasan por diseñar dicha desaparición. Ibarreche afirmaba, hoy mismo, que ETA no ha de marcar la acción política en el País Vasco, lo malo, y el no lo dice, es que la forma en que desaparezca determinará el futuro de España.

 
El sistema electoral español, limitado por la definición de la provincia como distrito electoral y una ley electoral que prima representativamente a las provincias más pequeñas, menos pobladas, con censo menor….ha devenido en una estructura con tres partidos nacionales donde dos son mayoritarios y beneficiados por el sistema: en el 2004, PSOE obtuvo el 42,64% de votos y una representación del 46,86%; el PP con un 37,64% de votos, elevó su representación hasta un 42,29%, y el tercer partido nacional en orden de votos, IU, resulta perjudicado continuamente por este sistema: con un 4,96% de votos su representación se reduce al 1,43%. El resto de partidos, todos de obediencia nacionalista en mayor o menor grado, obtienen porcentajes inferiores en votos y aunque su representación en algunos casos disminuya, en diputados superan al tercer partido nacional, así, CIU con el 3,24% votos y 2,86% representación parlamentaria; ERC, con el 2,54% votos y 2,29% representación, PNV 1,63% de votos y 2,00% de representación. También se da la paradoja de que el PA, con prácticamente el doble de votos (181.261) que el CHA (93.865), no tiene representación mientras esta última obtiene un diputado.
En el actual sistema el coste de votos por diputado varía entre los 253.906 de IU y los 59.593 del PNV. En los dos alternativas de reparto propuestas estas variaciones se reducen entre los 102.807 del BNG y y los 69.087 de CIU para la de distrito único si mínimo electoral exigible y los 69.087 de CIU y los 64.203 del PP. Es evidente que los costes son mas similares en el ultimo caso lo que nos indica mejor distribución y una asignación de escaños mas justa y cercana a la voluntad popular.
 
Situar el problema en la sobrerrepresentación de los dos grandes partidos nacionales sería un error pues en un sistema de circunscripción única, con el mínimo del 3% estarían aún más sobre representados, eso sí, el tercer partido nacional obtendría una representación justa más acorde con el número de votos. Todos estarían sobre representados pero sería proporcional a los votos obtenidos. En este caso la ventaja, o el inconveniente, según cómo se mire, sería la práctica desaparición de los partidos nacionalistas, excepto CIU en la cámara de diputados. (No es descartable la más que posible coalición de estos ante comicios nacionales).

El conservadurismo, el miedo al cambio, se ha instalado entre los dirigentes de los dos grandes partidos y su estrategia pasa por mantener un sistema que impida la aparición de partidos de ámbito estatal     que pudieran influir en un sistema de reparto de poder que les resulta cómodo y sobre todo lucrativo. El sistema les obliga al continuo pacto con los nacionalistas por ello la estrategia de ambos siempre contempla, aparte del constante regateo con ellos, un posicionamiento en el que el partido ideal para el pacto sea el suyo. Contrariamente a lo que pueda parecer ahora, Aznar y el PP tuvieron esa posición exclusiva durante 2 dos legislaturas con muy buenos réditos para los nacionalistas.

Así las cosas, si la desaparición de ETA se da bajo el estilo “dialogante” de Zapatero con un Rajoy enconado por el 11M, independientemente de las concesiones que ZP realice a los terroristas, el PSOE se asegura un largo periodo de mayorías pactadas con los nacionalistas y estos en una huida hacia delante hacia sus postulados independentistas. En cambio si la ETA se disuelve bajo un pacto antiterrorista de los dos grandes partidos, los nacionalistas perderían fuelle, el consenso nacional sería total con el apoyo unánime de la ciudadanía. La tercera opción sería una ETA disuelta bajo un gobierno del PP sin el acuerdo con el PSOE, opción que parecía querer llevar adelante Aznar cuando su alusión al MNLV, difícil vislumbrar tal posibilidad en estos momentos, aun cuando los resultados serian los mismos que la primera con beneficio en este caso para el PP, pero dada la enorme egolatría de nuestros dirigentes políticos no es descartable.
Parece que la opción deseable, la del pacto PP/PSOE, no es la que entra en la estrategia de ninguno de sus dirigentes, por las razones apuntadas.

Está claro que la política española se encuentra, se halla, en una vía sin salida que la aboca al desastre, por ello es necesaria una reforma del sistema electoral español. Esta reforma prioritariamente ha de orientarse a la profundización de la democracia, lo que implica que el voto de cualquier ciudadano valga lo mismo viva donde viva; pero sobre todo lo que hay que buscar es un sistema que salvaguarde la igualdad de los ciudadanos no sólo en su derecho a voto, si no en sus derechos sociales, económicos y políticos, es decir no sólo hemos de modificar la Constitución en cuanto a distritos electorales, sino también en cuanto a organización del Estado definiendo más claramente las competencias de la
Administración Central y de las Autonómicas. Atrevernos a plantearnos un sistema educativo público que busque la excelencia para todo el país, que no esté al servicio de proyectos identitarios particularistas, que impida la endogamia en la universidad y en la escuela primaria y secundaria. Una sanidad de calidad para todos, no dependiente del presupuesto de turno o de la sobrecarga en el precio de la gasolina.

Es evidente que en España hay un número cada vez más alto de ciudadanos que no comulgan con los partidos existentes, bien por su estilo excluyente del contrario (caso del PP y PSOE, no ya por sus programas ambos bastante similares) o por el nacionalismo del resto. A IU como siempre es difícil definirla en dónde está, en lo nacionalista o simplemente en su gueto seudo progre.
Los ciudadanos que sentimos la necesidad de tener representación política con posicionamientos de izquierda progresista, con un concepto del estado como garante de derechos y libertades, que apostamos por un sistema federal del mismo sin asimetrías, que creemos en la función redistributiva del estado, pensamos que la creación de un partido de ámbito estatal como el que propone Fernando Savater y Rosa Diez (UPyD) es una gran oportunidad para iniciar un proceso de cambios progresistas en España. Un partido que promueva la modificación de la Constitución en un sentido progresista, una ley electoral que reequilibre el voto de todos los españoles y limite la influencia de los partidos nacionalistas y, sobre todo, una regeneración democrática del país. Por supuesto todo eso se podrá llevar a cabo si abanderamos un gran pacto nacional contra el terrorismo que deje claro a ETA y a su entorno que la única opción posible es la desaparición y deje a los partidos nacionalistas sin coartada para sus continuas demandas insolidarias.

La forma de hacer política en España ha de recuperar el sentido ético de su función. Tal vez ha llegado el momento.

Vicente Serrano
vicenteserrano@alternativaciudadana.es

Sé el primero en comentar en «Sobre la modificación de la Constitución y la desaparición de ETA»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Traducción »