Rosa Díez espera captar para UPD el voto de «la izquierda desencantada»

Notable expectación ayer en Madrid ante la pública comparecencia de Rosa Díez y Fernando Savater en un desayuno informativo organizado por el Fórum Europa, en el que ambos desgranaron las principales propuestas de Unión, Progreso y Democracia, el «partido nuevo» (que no «nuevo partido», insisten, intentando alejarlo de lo continuista o meramente gregario) con el que pretenden «influir y ser decisivos» para obligar a que PP y PSOE «se comporten como partidos de Estado». Fueron testigos de esta declaración de intenciones el ex presidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, que se ha sumado a este proyecto político, y la presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundúa, quien no tiene intención de militar en UPD pero mantiene estrechos lazos de amistad con sus promotores. También llamó la atención la presencia de Manuel Conthe, ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

La convocatoria, que sirvió como aperitivo de la presentación oficial de esta formación, que tendrá lugar el próximo sábado en la madrileña Casa de Campo (y en la que, según adelantaron los oradores, participará Albert Boadella), brindó algunas aportaciones al discurso de UPD, como la de una mayor concreción en sus planteamientos de reforma de la Ley Electoral. A este respecto Rosa Díez esbozó la posibilidad de instar a que en unos comicios generales los ciudadanos elijan, además de a 350 diputados según las pautas actuales (por las diferentes circunscripciones provinciales), a otros 150 por una circunscripción única nacional. Díez comentó que esta medida «supondría un mecanismo corrector de la excesiva representación de los nacionalismos».

Surgió, en la fase de preguntas, el inevitable interés por los «caladeros» de los que pueden salir los votos a UPD, que ya cuenta con 3.500 afiliados. Rosa Díez se mojó esta vez y estimó que sus apoyos vendrán «de una izquierda desencantada y de ese veinte por ciento de ciudadanos que no vota sin ser abstencionista».

Savater, por su parte, se vio conminado a explicar por qué se le atribuye la desafortunada declaración de principios resumida en la frase «España me la sopla». Argumentó que, en el fragor de un debate público, expresó así que no defiende una idea «metafísica» de la nación, sino una concepción basada en la igualdad de sus ciudadanos y en la defensa de sus derechos. En esa línea, afirmó que «con el fetichismo de la diversidad» se están estableciendo agravios comparativos.

ABC

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